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Una SOPA indigesta

2012.02.13 | Por el Ing. Ricardo Wehbe, Profesor de la carrera Ingeniería de Informática de UADE

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Ing. Ricardo Wehbe, Profesor de la carrera Ingeniería de Informática de UADE

El 18 de enero pasado, quienes intentaron acceder al sitio de Wikipedia en inglés se encontraron, en lugar del artículo solicitado, con un banner donde invitaba a los visitantes a “imaginar un mundo sin conocimiento libre.” Se estima que más de 160 millones de personas lo vieron.

La razón de este “blackout de Wikipedia”, como se lo llamó, fue el proyecto de ley conocido por su acrónimo SOPA (“Stop Online Piracy Act”), y que, según su título, buscaba “promover la prosperidad, creatividad, iniciativa e innovación combatiendo el robo de propiedad de los Estados Unidos.” ¿Por qué chocaron estas intenciones, aparentemente buenas, con una oposición tan fuerte?
Repasemos los hechos. El 26 de octubre de 2011 el senador republicano por Texas Lamar Smith presentó un proyecto de ley, cuyo texto completo puede consultarse en http://hdl.loc.gov/loc.uscongress/legislation/112hr3261. El objetivo era, por un lado, defender el mercado de propiedad intelectual y su industria asociada y, por otro lado, combatir sitios que ofrecen mercaderías falsificadas, especialmente drogas medicinales. Esto implicaba en definitiva una mayor rigurosidad de las leyes de protección de la propiedad intelectual. Se podría exigir judicialmente que se bloqueara publicidad y pagos a sitios infractores, así como obligar a los buscadores (por ejemplo, Google) a que no mencionaran tales sitios y a los proveedores de Internet a que bloquearan los accesos a ellos.
El principal argumento de quienes defendían el proyecto es que la propiedad intelectual está en la base de los principales empleadores de los Estados Unidos y que las leyes deben ser actualizadas para combatir la piratería. El principal argumento de quienes se oponían es que se violaría la primera enmienda de la constitución de los Estados Unidos al afectarse la libertad de expresión.
Algunos constitucionalistas destacados señalaron inconsistencias en el proyecto. Por otra parte, la efectividad que habría tenido esta ley de ser sancionada también ha sido puesta en duda, entre otros por la ACM (Association for Computer Machinery), ya que es casi imposible técnicamente limitar el acceso en una red global y descentralizada como Internet de manera efectiva. De hecho, algunos países con regímenes totalitarios han intentado hacerlo sin éxito: existen ya programas que permiten superar estas barreras. Estos programas podrían ser considerados infractores bajo esta ley afectando así la libre expresión de usuarios de estos países.
¿En qué podría haberse visto afectados los usuarios de Internet si esta ley hubiera sido puesta en vigor? En general, el proyecto prevé sanciones contra sitios antes que contra usuarios. Por ejemplo, en sitios con contenidos generados por los usuarios como foros, Wikipedia o YouTube, sería posible que el sitio entero fuera clausurado por el comportamiento deshonesto de un solo usuario. Otra posible consecuencia sería que un buscador dejara de mencionar sitios infractores o que un proveedor de Internet dejara de dar acceso a ellos. Además, podría ser imposible realizar pagos a sitios identificados como infractores, incluso si el artículo adquirido fuera legítimo.
La fuerte oposición que se generó contra este proyecto (incluso el presidente Obama y los cuatro precandidatos presidenciales republicanos se manifestaron por una drástica revisión) hizo que el debate se pospusiera “hasta que exista consenso acerca de la mejor manera de combatir la piratería.” Pero de todas maneras, si bien esta etapa parece —por ahora— cerrada, la discusión aún no ha concluido.
Internet ha evolucionado en los últimos años de una manera, si se quiere “anárquica”, que ni siquiera sus creadores previeron. Las implicaciones de esta evolución van mucho más allá de la mera tecnología. Internet no sólo es una herramienta insustituible para la docencia y la investigación; también ha cambiado el panorama del comercio de bienes y servicios y hasta los patrones de relaciones interpersonales. Internet es un patrimonio verdaderamente global y cualquier intento de controlarla ha fracasado, como se ha visto en el caso de países con regímenes totalitarios.
De todas maneras, la rusticidad del proyecto SOPA no implica que su fundamentación esté equivocada. La piratería de propiedad intelectual es actualmente un grave problema. Una obra científica o artística es un trabajo que puede insumir muchos años y que puede ser robado en pocos segundos. La piratería en Internet debe ser combatida, pero para ello necesitamos una legislación que sea adecuada a la enorme complejidad de este ámbito. Tal vez la noción misma de propiedad intelectual deba ser redefinida.
Una legislación que no parta de una comprensión cabal del fenómeno social de Internet no tendrá posibilidades de éxito. La postergación del debate hasta que se llegue a algún consenso sobre el mejor modo de proteger la propiedad intelectual parece, a la luz de todo esto, la decisión más sensata.